Manifiesto sobre la curiosidad



Escribir, como ya lo hemos dicho antes, puede resultar un proceso agónico. El único camino para afrontar esta empresa de manera victoriosa consiste en continuar escribiendo. Hoy comparto cinco máximas del autor Verlyn Klinkenborg para atravesar este camino preparado con las mejores herramientas.



Mandato fundamental: ¡Lee!

Lee como un escritor. Puedes escribir en cualquier formato. Sólo podrás convertirte en un mejor esritor convirtiéndote antes en un mejor lector.



Rompe con aquellas estucturas educativas que no ayudan:

Fuiste educado para leer de una manera que no te dice nada acerca de cómo escribir. Te enseñan que leer implica extraer. Te enseñaron a recolectar algo llamado significado como si las palabras en sí mismas fueran señales de humo. Pasas por alto la forma de la oración en busca del sentido que ésta contiene; pero toda la vida del lenguaje reside en la solidez de la oración y no puede ser extraída.

Se te pidió repetidamente que persuadieras, demostraras o discutieras. Se te pidió que reiteraras, probaras, recitaras o ejemplificaras (…) Pero casi nunca se te pidió que notaras, observaras, presenciaras o testificaras. Te estaban enseñando a manejar la evidencia recopilada por otras autoridades en lugar de cultivar las tuyas propias. Te enseñaron a simular la lógica pero no a escribir con tanta claridad que lo que estabas diciendo resultara evidente por sí mismo.

El hecho central de tu educación es la siguiente: te enseñaron a creer que aquello que descubres a través del pensamiento, por medio del exámen de tus propios pensamientos y percepciones no es importante y no está autorizado. Como resultado, le temes a pensar por tí mismo. Y no crees que tus pensamientos son interesantes, porque no te han enseñado a interesarte en ellos. TODO aquello que notas es importante. Déjame decirlo de otro manera: si notas algo, es porque es importante. Pero lo que notes dependerá de aquello que te permitas notar, y depende de tí sentirte autorizado para hacer, permitirte percibir.

Aquello que escribes, lo que envías al mundo para ser leído- es el residuo de las elecciones y las decisiones que haces.

Ser escritor es un acto de perpetua auto-autorización. No importa quien seas. Sólo tú puedes autorizarte a tí mismo. Te autorizas a tí mismo a través de la buena escritura, descubriendo constantemente.

A la mayoría de la gente le han enseñado que aquello que perciben no importa, de modo que nunca aprenden a percibir. Mucho menos aprenden qué les interesan. O asumen que el mundo ya ha sido completamente percibido, tamizado, ordenado y categorizado; y sólo escriben acerca de temas pre-autorizados, en un lenguaje también ya aceptado. (…) Lo que ganas a partir de prestarle atención a tus percepciones es hábito, confianza y una sensación de abundancia que sostiene tu escritura.



Cómo escribir mejores oraciones:


Intenta leer en voz alta algo de todo lo que lees, no importe qué sea. Un par de párrafos del diario, un libro de textos, una novela o un poema. Especialmente un poema. Cuan bien leas en voz alta revelará cuán bien entiendes la sintáxis de una oración (…) no su significado, su textura, su ritmo, su estructura, su actualidad.

El punto de aprender las estructuras fundamentales del lenguaje, de la gramática y la sintaxis no es la corrección o la obediencia a las reglas. El punto es que esas reglas se interpongan ante el lector porque las has ignorado. El lector es como tú, se distrae fácil cuando las cosas van mal en una oración.

La precisión sintáctica y gramatical es la condición previa para estar seguro de que tus oraciones digan lo que crees que dicen.



Olvídate de la idea de fluidez, no existe:


Si piensas que escribir – el acto de composición – debería fluir, y no lo hace, ¿cómo se supone que te sentirás? Obstruido, derrotado, inadecuado, incluso tal vez estúpido. La idea del “bloqueo del escritor”, existe a causa de la noción de que la escritura debería fluir. Pero si aceptas que escribir implica trabajar duro, y eso es lo que sientes mientras escribes, entonces todo saldrá como debe ser. (…) La dificultad al escribir no es un signo de fracaso, es simplemente la naturaleza del trabajo en sí mismo.




Picture: Thought Catalog